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Con posterioridad, tras largas negociaciones entre España y Marruecos, se redacta el Tratado de los Límites de Melilla , que sería firmado el 24 de agosto de 1859 y ratificado en el Tratado de Wad Ras de 25 marzo de 1860. En ellos se reconocían a España los límites de la ciudad ya señalados desde 1557.
El
14 de junio de 1862 se materializa esta ampliación de límites, mediante
un curioso sistema: por medio del alcance de un cañón, conocido como El Caminante ,
de 24 mm. de calibre y a 21º de elevación, disparado desde el fuerte de
la Victoria. Con este disparo se consiguió una distancia de tiro de
2.900 metros, que sirvió de radio para trazar los nuevos límites y la
demarcación fronteriza con Marruecos, tomando como centro la actual
plaza de España: el territorio de Melilla quedó fijado desde entonces
en 12,33 kilómetros cuadrados.
La
ampliación de los límites generó varios proyectos de ensanche de las
fortificaciones de la ciudad, como el de Francisco Arajol de 1864 y el
de Francisco Roldán de 1865-1866 que preveían construir una serie de
torres de vigilancia. Sin embargo, el autor de la mayor parte de estos
nuevos fuertes fue el ingeniero militar Eligio Souza. Desde 1881 a 1893
es cuando se construye la Melilla del Quinto Recinto fortificado, que
quedaba formado por la línea imaginaria que unía 16 fuertes de forma y
tipología muy diversa: circulares y poligonales, torres hexagonales y
octogonales, fortines, baterías y reductos. Con ellos, la población
estuvo preparada para expandirse más allá de la fortaleza por el nuevo
terreno de soberanía que sería ocupado en un interesante proceso
constructivo, generando la ciudad moderna de Melilla.
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